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miércoles, 28 de mayo de 2014

Hace 10.000 años el clima de la península ibérica era más húmedo

Hace 10.000 años el clima de la península ibérica era más húmedo. Una investigación en la que participa la Universidad de Granada ha revelado nuevos datos sobre el cambio climático que se produjo en la península ibérica hacia la mitad del Holoceno (hace 6.000 años aproximadamente), cuando comenzó a aumentar el aporte de polvo atmosférico proveniente del Sáhara, a partir del estudio de los sedimentos en una laguna alpina de Sierra Nevada (Granada).



AgenciaSINC

Reconstruyen las tormentas extremas de los últimos 600 años en España

Reconstruyen las tormentas extremas de los últimos 600 años en España. En concreto han analizado el registro sedimentario del lago Montcortès, situado en el Pirineo catalán, y los resultados, que son extrapolables al Mediterráneo occidental, demuestran una relación directa entre la variabilidad del patrón climático llamado Oscilación del Atlántico Norte (NAO) y la intensidad y frecuencia de las tormentas de la zona.
Vista del lago Montcortès, situado en el Pirineo catalán, en el que científicos del CNMN han hecho los estudios sobre las tormentas extremas en la Península Ibérica.Vista del lago Montcortès, situado en el Pirineo catalán, en el que científicos del CNMN han hecho los estudios sobre las tormentas extremas en la Península Ibérica. EFE/CNMN investigaciones que ha servido

La investigación, publicada en “Quaternary Science Reviews“, supone, por primera vez, el desarrollo de un registro paleoclimático de eventos extremos con datos cuantitativos tan exhaustivos y con una resolución anual.

El lago Montcortès


Gracias a la naturaleza del lago de Montcortès, el registro sedimentario es de extraordinaria calidad y refleja las fluctuaciones climáticas cada año.

En verano, debido al calor, aumenta el número de algas en el lago, lo que propicia la precipitación de calcita, que queda marcada en el registro sedimentario como si se tratara de los anillos del tronco de un árbol.

“Las tormentas generan depósitos en los lagos, cuya composición y textura dependen de las características de la precipitación, del lago y de la cuenca de drenaje” explica el investigador del MNCN, Pablo Corella.

A partir del análisis sedimentológico, geoquímico y geofísico de los sedimentos recientes del lago y de la correlación con los datos de precipitación de las últimas décadas, se ha establecido el umbral mínimo de precipitación para eventos extremos (aquellos que tienen un periodo de retorno de 5 años) en 90mm/m2″, completa el investigador del Instituto Pirenaico de Ecología, del CSIC, Blas Valero.

Las tormentas más fuertes se produjeron al final del XIX



Para analizar los datos de la muestra, los investigadores han extrapolado los datos de las precipitaciones recogidos en estaciones meteorológicas cercanas a los obtenidos del registro sedimentario.

Cuando se produce un evento extremo de lluvia, la cantidad de sedimento que se deposita en el lago arrastrado desde la cuenca de recepción aumenta y queda reflejado como una capa.

Gerardo Benito, investigador del MNCN que participa en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), ha dicho que “frente a lo que cabría esperar, hemos descubierto que el siglo XX es el periodo con menor número de tormentas extremas frente al final del siglo XIX, la época en la que más tormentas se produjeron”.
Imagen del registro sedimentario realizado por los investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) en la que se observan las líneas claras que marcan cada cambio de año. Las zonas marcadas indican depósitos producidos por eventos de lluvia extremos.Imagen del registro sedimentario realizado por los investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) en la que se observan las líneas claras que marcan cada cambio de año. Las zonas marcadas indican depósitos producidos por eventos de lluvia extremos. EFE/MNCN

La influencia de la NAO en la climatología


Los investigadores también han podido comprobar la relación directa que existe entre la Oscilación del Atlántico Norte (NAO, por sus siglas en inglés) y las tormentas.

La NAO es un patrón climático que mide las diferencias de presión atmosférica entre los paralelos 65 (Islandia) y 37 (Islas Azores).

“Cuando el índice NAO es positivo hay menos tormentas, porque los vientos que llegan del oeste cargados de humedad desvían su trayectoria hacia el norte de Europa. Sin embargo, cuando el índice es negativo los vientos no se desvían y hay más eventos extremos en el Mediterráneo”, concluye Corella.

“Intuimos que existe relación entre los eventos de lluvia extremos y la radiación solar, pero aún no disponemos de datos concluyentes”.

En la investigación también han participado el Instituto Pirenaico de Ecología, del CSIC, y el instituto alemán GeoForschungsZentrum (GFZ) de Potsdam.




EFEverde

martes, 15 de abril de 2014

Informe: Bosques juegan un papel más importante de lo que se creía en la generación de lluvias

Informe: Bosques juegan un papel más importante de lo que se creía en la generación de lluvias.El cambio en la cubierta forestal podría ser el causante de un desplazamiento percibido hacia el este de la zona de lluvias en el sudeste de Asia, dice Douglas Sheil, científico asociado del Centro para la Investigación Forestal Internacional. Fotografía: Fern 40El cambio en la cubierta forestal podría ser el causante de un desplazamiento percibido hacia el este de la zona de lluvias en el sudeste de Asia, dice Douglas Sheil, científico asociado del Centro para la Investigación Forestal Internacional. Fotografía: Fern 40
LIMA, Perú — Los modelos climáticos actuales parecen subestimar el impacto total de la vegetación forestal en los patrones de lluvia, lo que indica que las consecuencias potenciales del cambio de la cubierta vegetal en el aumento de la temperatura global no se pueden evaluar con certeza, muestra una nueva investigación.
Las lluvias irregulares podrían empeorar con la deforestación, según Douglas Sheil, ecólogo de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida e investigador asociado del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).
El cambio de la cubierta forestal podría ser el causante de un desplazamiento percibido hacia el este de la zona de lluvias en el sudeste de Asia, con un potencial de impacto regional y global que puede haberse demostrado en la ferocidad de los incendios en Sumatra, Indonesia, en 2013, que causaron una espesa niebla, dijo Sheil.
“La vegetación tiene probablemente un efecto sobre el clima mayor aún de lo que sabemos”, dijo Sheil, quien sostiene en un nuevo documento que los hallazgos requieren atención urgente de los científicos que estudian las plantas y los bosques.
En los trópicos, la pérdida a gran escala de la cubierta forestal se asocia generalmente a menos lluvia y al debilitamiento de los monzones, aunque el pleno impacto de un clima más seco no es todavía entendido completamente por los científicos. Los modelos estándar utilizados para predecir el cambio climático tienen en cuenta las propiedades físicas de los bosques —la manera en que reflejan la luz solar o la fricción creada cuando el viento sopla sobre ellos—, pero pasan por alto los procesos biológicos que podrían afectar el flujo de aire y la formación de nubes de importancia para la producción de lluvia, dijo Sheil.
La precipitación se forma cuando la atmósfera absorbe la humedad de los océanos como vapor de agua, que se condensa y cae como lluvia, granizo o nieve. A nivel mundial, alrededor de dos tercios de esta precipitación vuelve a la atmósfera como vapor de agua, y la mayor parte de eso cae de nuevo a tierra.
Un estudio reciente, citado en el documento de Sheil, mostró que los vientos que viajan a través de los bosques suelen producir más del doble de la cantidad de lluvia que los que soplan sobre la tierra abierta, dando lugar a predicciones de los científicos de que, para 2050, los trópicos podrían ver una disminución de 12% y 21% en las precipitaciones en la estación húmeda y la estación seca, respectivamente.
La transpiración de los árboles
La humedad que los árboles absorben por sus raíces se evapora a través de poros en las hojas llamados estomas. La vegetación puede contribuir hasta en un 90% de la humedad en la atmósfera procedente de la superficie terrestre, mucho más que las estimaciones anteriores, según investigación reciente. Los árboles producen flujos de vapor de agua que suelen ser más de 10 veces mayores que los de la vegetación herbácea por unidad de superficie, superando los producidos por la tierra húmeda o las aguas abiertas. La transpiración “es un proceso biológico activo” que no está reflejado plenamente en la física de los modelos climáticos, dijo Sheil.
Por ejemplo, el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera podría dar lugar a bosques más grandes y más densos que almacenen más carbono, dijo, pero también podría afectar la cantidad de humedad atmosférica que ellos producen y, por tanto, la cantidad de lluvia sobre el bosque y en la dirección del viento.
“El aumento de dióxido de carbono reduce la necesidad de que las plantas mantengan sus estomas abiertos. Una respuesta es que cierran sus estomas más, por lo que transpiran menos y pueden producir la misma cantidad de crecimiento con menor transpiración”, dijo Sheil. “Si hay menos transpiración, eso tiene un enorme impacto sobre el clima. Esa es una respuesta biológica activa al aumento de dióxido de carbono; no es solo física”, y no entra en los modelos climáticos basados únicamente en principios físicos, dijo.
La biología y la física pueden estar más estrechamente entrelazadas de lo que se creía, de acuerdo con una idea sobre la forma en que los bosques hacen la lluvia que los mantiene creciendo.
Bomba biótica
Una de las sugerencias más controvertidas es que los bosques influyen en la presión atmosférica. Este concepto, conocido como la “bomba biótica”, postula que el aire húmedo es aspirado a medida que se levanta sobre las regiones boscosas, y luego se condensa y crea un área de baja presión que aspira más aire húmedo, creando un ciclo de retroalimentación positiva.
La deforestación rompe el ciclo, alterando la precipitación y haciéndola más variable, no solo al reducir la transpiración y la formación de nubes, sino también al retardar o interrumpir el flujo de aire hacia el interior de las zonas costeras. Eso significa que llega menos humedad de fuera de la región para caer como lluvia, lo que ocasiona que se seque más el bosque y haya menos transpiración y precipitación. Esto crea un ciclo de retroalimentación negativa que podría —en un escenario extremo— convertir una región de bosque húmedo en un ambiente seco.
“Si los bosques están potencialmente impulsando esas corrientes de aire, cuando se pierde una cantidad significativa de bosque, o la transpiración disminuye con el aumento del dióxido de carbono atmosférico, podríamos esperar ver un debilitamiento de esos vientos”, dijo Sheil. “Y eso es lo que se ha identificado en los trópicos y subtrópicos, aunque todavía no estamos seguros de la causa”.
Del árbol a la nube
Los árboles también influyen en la formación de nubes al emitir a la atmósfera químicos a base de carbono llamados compuestos orgánicos volátiles (COV).
Algunos de estos compuestos se depositan en partículas aéreas diminutas, tales como polvo, bacterias, polen y esporas de hongos. A medida que las partículas crecen con la deposición de COV, promueven la condensación y concentran la humedad resultante, acelerando la formación de nubes, dijo Sheil.
Un estudio encontró 555 COV diferentes en un solo huerto de cítricos en California. Investigación llevada a cabo en la Amazonia sugiere que tales aerosoles pueden jugar un papel clave, tanto en el ciclo hidrológico como en la reproducción biológica en el bosque.
“Es asombrosamente complejo y, en cierto sentido, todavía estamos un poco en la Edad Oscura”, dijo Sheil. “Hay un vínculo, pero realmente no lo entendemos”.
Para más información sobre esta investigación, comuníquese con Douglas Sheil en Douglas.Sheil@nmbu.no


CIFOR

domingo, 22 de diciembre de 2013

Científicos comprueban en Panamá el “efecto esponja” en bosques tropicales

De acuerdo con los investigadores “los bosques tropicales reducen el máximo de escorrentía durante las tormentas y liberan el agua almacenada durante las sequías”, precisa un informe del STRI.
“Sus resultados dan credibilidad a un fenómeno controvertido conocido como el efecto esponja, que está en el centro de un debate acerca de cómo minimizar los daños por inundaciones y maximizar la disponibilidad de agua en los trópicos”, apunta.
El experimento iniciado en fecha no precisada en 700 hectáreas de la cuenca del Canal de Panamá, también conocido como Agua Salud, tendrá una duración de 20 a 30 años, por lo que es el estudio en curso del uso del suelo más grande en los trópicos, según la fuente.
“Nuestro proyecto tiene como objetivo cuantificar claramente los servicios ambientales, tales como el flujo de agua, el almacenamiento de carbono y la conservación de la biodiversidad que los tomadores de decisiones considerarán a medida que evalúan los proyectos de restauración forestal para el manejo de la cuenca”, comentó Jefferson Hall, científico del STRI y director del proyecto.
Durante casi 450 tormentas tropicales, un equipo de científicos de la Universidad de Wyoming (EE.UU.) midió la cantidad de escorrentía en los pastos, pastizales abandonados y tierras forestales como parte de un experimento a gran escala de uso de la tierra en la cuenca del Canal de Panamá iniciada por el STRI.
Los datos recopilados por el personal del STRI y analizados por estudiantes de la Universidad de Wyoming indican que el historial del uso del suelo, tiene efectos complejos a largo plazo.
“Medimos las grandes diferencias en la respuesta hidrológica entre cuencas con distintos historiales de uso del suelo y la cubierta vegetal” comentó Fred Ogden, investigador asociado del STRI y profesor de Ingeniería Civil en la Universidad de Wyoming.
Ogden agrega que “nuestro objetivo final es entender mejor estos efectos e incluir esta comprensión mejorada de un modelo hidrológico de alta resolución que estamos desarrollando para predecir los efectos del uso del suelo en las cuencas tropicales.”
Por su parte, el hidrólogo del STRI y del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), Robert Stallard, afirmó que “el resultado de los picos de tormenta es espectacular”
Stallard desarrolló las estadísticas para el análisis de datos.
“La escorrentía de aguas pluviales de las tierras de pastoreo es mucho mayor que el de las tierras forestales. Los resultados son más claros después de grandes tormentas”, detalló.
Por otro lado, los bosques liberan más agua que los pastizales y los paisajes de uso mixto durante la estación seca, lo que apunta a la importancia de los bosques en la regulación del flujo de agua durante todo el año en climas estacionales.
La evidencia que apoya el efecto esponja hacía falta para los bosques tropicales, lo que ha llevado a algunos a cuestionar su validez.
“Una de las razones por las que no hay más evidencia científica para el efecto esponja es que uno tiene que tomar lo que la naturaleza reparte,” comentó Stallard, ferviente defensor del efecto esponja.
Agregó que “se requiere un compromiso institucional a largo plazo para conseguir buenos resultados. El USGS, el Smithsonian en Panamá, la Universidad de Wyoming y la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) tienen los recursos para hacerlo”.
Una grave sequía obligó a las autoridades del Canal de Panamá a imponer restricciones de calado en los buques que transitaron en 1997.
En diciembre del 2010, un gran sistema de tormentas, examinado en este estudio, detuvo el tránsito en el canal durante 17 horas.
El estudio es particularmente relevante para las decisiones de uso del suelo en los trópicos, donde más del 50 por ciento de los bosques son ahora “secundarios” que han vuelto a crecer después de la tala o al dejar de ser pastizales abandonados.
Esta investigación es apoyada por la Red de Observatorios Globales de la Tierra de la Institución Smithsonian, ForestGEO; el Servicio Geológico de EE.UU., la Fundación Nacional de Ciencia de los Estados Unidos; la ACP; la Autoridad Nacional del Ambiente de Panamá (ANAM); el HSBC Climate Partnership; la familia Hoch; Frank Levinson; la Fundación Alberto Motta y Roy y Caryl Cline. EFE

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viernes, 24 de mayo de 2013

Más allá del almacenamiento de carbono: El bosque de la cuenca del Congo como generador de lluvia

Más allá del almacenamiento de carbono: El bosque de la cuenca del Congo como generador de lluvia:
Sin los extensos bosques de la cuenca del Congo el régimen de lluvias a nivel regional se vería gravemente perturbado.
Sin los extensos bosques de la cuenca del Congo el régimen de lluvias a nivel regional se vería gravemente perturbado. Fotografía de CIFOR
Las respuestas al cambio climático se agrupan en dos categorías principales: mitigación (reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático) y adaptación (ajuste de los medios y los estilos de vida debido al cambio climático). Entre las estrategias de adaptación, la adaptación basada en ecosistemas (EbA, por sus siglas en inglés) es un enfoque que promueve formas de utilización de los recursos naturales y la biodiversidad que ayuden a desarrollar estrategias de adaptación para las comunidades vulnerables. En este contexto, estudios recientes destacan el papel que los bosques de la cuenca del Congo desempeñan en la generación de precipitaciones, tanto en la región como en todo el continente.
La lluvia en un ecosistema se origina a partir de tres fuentes principales: la humedad presente en la atmósfera, la humedad que viene de fuera de la región, y la evapotranspiración de superficies dentro del ecosistema (bosques y otros usos de la tierra). Pokam et al. estudiaron cómo el clima de la cuenca del Congo es básicamente el resultado de la humedad del océano Atlántico y el proceso del reciclaje de la evapotranspiración. Estudios anteriores habían determinado que los bosques tropicales como la cuenca del Congo pueden evaporar uno y hasta dos metros de agua por año. Además, las investigaciones de Makarieva et al. sugieren que la cobertura forestal de la región actúa como una bomba, atrayendo la humedad del océano hacia el continente hasta que finalmente se convierte en lluvia en esa región.
Teniendo en mente este rol de los bosques como generadores de lluvia, Nogherotto et al. analizaron los impactos de la deforestación en la cuenca del Congo en ciclos hidrológicos regionales, incluyendo los efectos sobre el monzón africano. Realizaron modelos en los que la cuenca está arbolada y la compararon con otros donde la misma cuenca está deforestada (es decir, un modelo en el que la cobertura forestal es transformada en una cobertura de pasto corto). Sus resultados indican que la deforestación en la cuenca del Congo provocaría modificaciones en el régimen de precipitaciones en el Sahel y sobre el sur del África ecuatorial.
Tomados en conjunto, estos tres estudios muestran cómo la cuenca del Congo actúa como un mecanismo para bombear agua del océano Atlántico, de fuentes subterráneas y del suelo. A continuación estas fuentes se mezclan con el agua presente en la atmosfera, generando precipitaciones a nivel local y subcontinental. Sin los extensos bosques de la cuenca del Congo este proceso se vería gravemente perturbado. Además, estos estudios ayudan a resaltar otras funciones importantes de los bosques de la cuenca del Congo, más allá de la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático.
Con las crecientes pruebas científicas de los múltiples roles que desempeñan los bosques de la cuenca del Congo a escala regional, continental y mundial, se refuerzan los argumentos para la conservación de los bosques, el buen manejo forestal y múltiples fuentes de ingresos que apoyen las diversas funciones de los bosques. Teniendo en cuenta su papel de generadores de lluvia, mantener los bosques de la cuenca del Congo puede ser una de las bases de la adaptación al cambio climático basada en ecosistemas para gran parte de África.

Denis Sonwa es un investigador del Programa Bosques y Medio Ambiente de CIFOR. Puede escribirle a la siguiente dirección de correo electrónico: d.sonwa@cgiar.org