LIMA, Perú — Los modelos climáticos actuales parecen subestimar el
impacto total de la vegetación forestal en los patrones de lluvia, lo
que indica que las consecuencias potenciales del cambio de la cubierta
vegetal en el aumento de la temperatura global no se pueden evaluar con
certeza, muestra una
nueva investigación.
Las lluvias irregulares podrían empeorar con la deforestación, según Douglas Sheil, ecólogo de la
Universidad Noruega de Ciencias de la Vida e investigador asociado del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).
El cambio de la cubierta forestal podría ser el causante de un
desplazamiento percibido hacia el este de la zona de lluvias en el
sudeste de Asia, con un potencial de impacto regional y global que puede
haberse demostrado en la ferocidad de los incendios en Sumatra,
Indonesia, en 2013, que causaron una espesa niebla, dijo Sheil.
“La vegetación tiene probablemente un efecto sobre el clima mayor aún de lo que sabemos”, dijo Sheil, quien sostiene en un
nuevo documento que los hallazgos requieren atención urgente de los científicos que estudian las plantas y los bosques.
En los trópicos, la pérdida a gran escala de la cubierta forestal se
asocia generalmente a menos lluvia y al debilitamiento de los monzones,
aunque el pleno impacto de un clima más seco no es todavía entendido
completamente por los científicos. Los modelos estándar utilizados para
predecir el cambio climático tienen en cuenta las propiedades físicas de
los bosques —la manera en que reflejan la luz solar o la fricción
creada cuando el viento sopla sobre ellos—, pero pasan por alto los
procesos biológicos que podrían afectar el flujo de aire y la formación
de nubes de importancia para la producción de lluvia, dijo Sheil.
La precipitación se forma cuando la atmósfera absorbe la humedad de
los océanos como vapor de agua, que se condensa y cae como lluvia,
granizo o nieve. A nivel mundial, alrededor de dos tercios de esta
precipitación vuelve a la atmósfera como vapor de agua, y la mayor parte
de eso cae de nuevo a tierra.
Un estudio reciente, citado en el documento de Sheil, mostró que los
vientos que viajan a través de los bosques suelen producir más del doble
de la cantidad de lluvia que los que soplan sobre la tierra abierta,
dando lugar a predicciones de los científicos de que, para 2050, los
trópicos podrían ver una disminución de 12% y 21% en las precipitaciones
en la estación húmeda y la estación seca, respectivamente.
La transpiración de los árboles
La humedad que los árboles absorben por sus raíces
se evapora a través de poros
en las hojas llamados estomas. La vegetación puede contribuir hasta en
un 90% de la humedad en la atmósfera procedente de la superficie
terrestre, mucho más que las estimaciones anteriores, según
investigación reciente.
Los árboles producen flujos de vapor de agua que suelen ser más de 10
veces mayores que los de la vegetación herbácea por unidad de
superficie, superando los producidos por la tierra húmeda o las aguas
abiertas. La transpiración “es un proceso biológico activo” que no está
reflejado plenamente en la física de los modelos climáticos, dijo Sheil.
Por ejemplo, el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera podría
dar lugar a bosques más grandes y más densos que almacenen más carbono,
dijo, pero también podría afectar la cantidad de humedad atmosférica que
ellos producen y, por tanto, la cantidad de lluvia sobre el bosque y en
la dirección del viento.
“El aumento de dióxido de carbono reduce la necesidad de que las
plantas mantengan sus estomas abiertos. Una respuesta es que cierran sus
estomas más, por lo que transpiran menos y pueden producir la misma
cantidad de crecimiento con menor transpiración”, dijo Sheil. “Si hay
menos transpiración, eso tiene un enorme impacto sobre el clima. Esa es
una respuesta biológica activa al aumento de dióxido de carbono; no es
solo física”, y no entra en los modelos climáticos basados únicamente en
principios físicos, dijo.
La biología y la física pueden estar más estrechamente entrelazadas
de lo que se creía, de acuerdo con una idea sobre la forma en que los
bosques hacen la lluvia que los mantiene
creciendo.
Bomba biótica
Una de las sugerencias más controvertidas es que los bosques influyen
en la presión atmosférica. Este concepto, conocido como la “
bomba biótica”,
postula que el aire húmedo es aspirado a medida que se levanta sobre
las regiones boscosas, y luego se condensa y crea un área de baja
presión que aspira más aire húmedo, creando un ciclo de
retroalimentación positiva.
La deforestación rompe el ciclo, alterando la precipitación y
haciéndola más variable, no solo al reducir la transpiración y la
formación de nubes, sino también al retardar o interrumpir el flujo de
aire hacia el interior de las zonas costeras. Eso significa que llega
menos humedad de fuera de la región para caer como lluvia, lo que
ocasiona que se seque más el bosque y haya menos transpiración y
precipitación. Esto crea un ciclo de retroalimentación negativa que
podría —en un escenario extremo— convertir una región de bosque húmedo
en un ambiente seco.
“Si los bosques están potencialmente impulsando esas corrientes de
aire, cuando se pierde una cantidad significativa de bosque, o la
transpiración disminuye con el aumento del dióxido de carbono
atmosférico, podríamos esperar ver un debilitamiento de esos vientos”,
dijo Sheil. “Y eso es lo que se ha identificado en los trópicos y
subtrópicos, aunque todavía no estamos seguros de
la causa”.
Del árbol a la nube
Los árboles también influyen en la formación de nubes al emitir a la
atmósfera químicos a base de carbono llamados compuestos orgánicos
volátiles (COV).
Algunos de estos compuestos se depositan en partículas aéreas
diminutas, tales como polvo, bacterias, polen y esporas de hongos. A
medida que las partículas crecen con la deposición de COV, promueven la
condensación y concentran la humedad resultante, acelerando la formación
de nubes, dijo Sheil.
Un estudio encontró 555 COV diferentes en un
solo huerto de cítricos
en California. Investigación llevada a cabo en la Amazonia sugiere que
tales aerosoles pueden jugar un papel clave, tanto en el ciclo
hidrológico como en la
reproducción biológica en el bosque.
“Es asombrosamente complejo y, en cierto sentido, todavía estamos un
poco en la Edad Oscura”, dijo Sheil. “Hay un vínculo, pero realmente no
lo entendemos”.
Para más información sobre esta investigación, comuníquese con Douglas Sheil en Douglas.Sheil@nmbu.no
CIFOR